El corazón y la razón

Ahora, con todo el análisis post-elecciones que se ha hecho, y el que queda por hacer, todo parece tan racional y lógico. ¿Pero cómo es posible qué el país y los medios de comunicación no hayan anticipado la desmesura de este desenlace? ¿Cómo no se auguró la victoria de Trump?

Se disecciona y se computan todos los elementos que formaron parte de esta monumental sorpresa. Y se hace de manera fría y objetiva. Como tiene que ser. Entre los análisis más lúcidos, incluiría el de Victor Davies Hanson en la derecha y el de David Plouff, director de campaña que llevó a Obama a su sorprendente victoria en 2008, en la izquierda.

Por ejemplo, queda claro que una serie de cuatro razones explican el voto blanco masivo en favor de Trump:

  • Resentimiento racial
  • Conservadurismo en cuestiones de inmigración
  • Preocupación económica
  • Desconfianza en las élites políticas y en las instituciones de gobierno

También queda claro, a nivel general, que el malestar económico, acumulado durante los últimos diez o quince años, ha jugado un papel fundamental. El cabreo era monumental. Y ni la derecha ni la izquierda supieron verlo con claridad.

Me comentaba un amigo historiador desde España por Whatsapp, deconstruyendo los resultados a la manera más pura de un Derrida o de un Deleuze, que “como se sabe en ciencias sociales nunca hay una causa que explique un fenómeno social, sino que los fenómenos sociales son multicausales”.

Y después continuaba: “Ni las mujeres son mujeres ni los negros son solamente negros. Hay mujeres amas de casa, cajeras, abogadas, ingenieras, teleoperadoras… Lo mismo que los negros. Además, ¿qué es un negro? ¿Qué porcentaje de sangre “negra” debe llevar un individuo para ser considerado “negro”?”

Un ejemplo más de lo que falta, en todos esos análisis. Falta corazón. Falta víscera. Falta una referencia clara a por qué tantos se opusieron a Trump, dentro y fuera del país, y algunos aún se siguen oponiendo a él. (Hemos asistido a cinco noches ininterrumpidas de protestas desde el desenlace de las elecciones.)

Si Hillary y sus seguidores tal vez se equivocaron con la razón, con la estrategia electoral y el tema de campaña, no creo que se hayan equivocado con el corazón. Sintieron un empuje emocional para oponerse a la retórica y al tono de Trump. Si bien el cálculo político y electoral fue un error, el cálculo moral y cívico no lo fue, creo yo.

Una mujer es una mujer. Independientemente de su profesión, religión u origen geográfico, muchos de los derechos que se les debe otorgar como grupo siguen bajo peligro de extinción en este país.

Un blanco es un blanco. Y un negro es un negro. Y eso lo sabe bien todo aquel que mínimamente haya estado en contacto con la terrible herencia racial de este país. Y una esvástica es una esvástica–y su mensaje también está muy claro. Sobre todo si entre los que te han dado su apoyo oficial están los miembros del KKK.

Racionalizar todo ahora y hacer “tabula rasa” es hacerle un flaco favor a la historia y a la verdad.

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