El candidato kamikaze

Estrategia electoral suicida de Trump. Si a alguien le quedaba alguna duda de que Trump era un kamikaze, lo que ha sucedido tras las Convenciones y desde que ha empezado oficialmente lo que se denomina, tras las primarias, la campaña electoral “general” lo ha confirmado. Sus excesos retóricos le causan continuos quebraderos de cabeza. Le obligan a él y a los líderes de su campaña a pasar más tiempo explicándose a sí mismo que hablando de política, o intentando captar nuevos votos, o convenciendo a votantes independientes y liberales descontentos con Hillary.
   Los dos últimos altercados pertenecen a categorías habituales de los gazapos retórico de Trump. Ambas son manipulaciones retóricas. Una fue una incitación velada a la violencia, cuando Trump sugirió a los defensores de la Segunda Enmienda (el movimiento pro-armas de fuego en EE.UU.) a tomar medidas contra Hillary si gana las elecciones y se decide a proponer a dos candidatos, para el Tribunal Supremo, que sean partidarios de un control más estricto de la compra y posesión de armas de fuego.
   La otra fue una exageración que también cabe dentro del apartado de ignorancia factual o falta de conocimiento de hechos históricos y de política internacional. “Obama fue el fundador de ISIS”, declaró Trump, “y Clinton su lugarteniente”. Cuando le preguntaron si eso es “literalmente” lo que quería decir, respondió que por supuesto que sí. La guerra mediática que siguió entre ambos campos ideológicos tuvo que ver con la falta de capacidad de los liberales para interpretar las palabras de Trump: se lo toman “demasiado literalmente”. [Un ejemplo en defensa de Trump en este aspecto es este artículo de Molly Hemingway en The Federalist]
   Ese el es problema que no quieren ver los partidarios de Trump —y es un problema verbal, lingüístico, de comunicación. Que Trump tiene que ser constantemente “interpretado” o “explicado” por sus acólitos. Aunque por supuesto la comunicación, la palabra, no es más que una extensión del pensamiento. Y el pensamiento de Trump sigue pareciendo simplista, monocromático, agresivo, deshilachado, ilógico.
   Mientras tanto, la propia Clinton tuvo que enfrentarse esta semana a un sinfín de problemas. Las últimas revelaciones muestran que donantes y personalidades cercanas a Clinton y a la Fundación Clinton se aprovecharon del aparato del Ministerio de Asuntos de Exteriores mientras ella era Secretaria de Estado para recibir favores y fondos. Trump se podía haber dedicado a intentar sacar tajada de dicha circunstancia. Pero le falta disciplina mental, rigor táctico. Le falta oficio, posiblemente.
   Así que no importa que no haya habido noticia positiva alguna para Clinton desde el final de la convención demócrata —Trump es extremadamente efectivo destruyéndose a sí mismo.
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